El que sin duda es uno de los mejores poetas de la actualidad chilena vive entre nosotros, aquí en Puerto Natales.

Hugo Vera Miranda escribe en la tradición de los grandes rudos norteamericanos. Gente como John Fante y Charles Bukowski, esos autores cuyas peripecias arrancan una tarde de jueves y terminan una semana después quién sabe dónde. En una playa rodeados de vasos de plástico o en una iglesia anglicana de las montañas.

Nadie puede decirlo con seguridad.

El viejo y diablo Hunter S. Thompson podría sumarse a este variopinto equipo de literatos del caos. Como sus predecesores, Vera Miranda, no espera que los fuegos de artificio rodeen su figura cada vez que entra por ahí.

Su vida es un camino hacia la iluminación literaria. Y como en un almacén de ramos generales, hay de todo. Amor y desamor. Vino y cigarrillos. Humor y olvido. O quizás, para nuestro beneficio, no tanto olvido.

Ha escrito profusamente y solo una parte de su arte ha germinado en libros. Dos libros lindos de poseer, apretados y llenos de grandes trazos: “El Tigre de la Memoria” e “Inmaculada Decepción”.

El resto de su obra se la puede encontrar en internet especialmente en los sitios Milodón Cha Cha Cha y el blog que lleva el nombre de segundo libro.

No merece Vera Miranda que se lo subraye en, por ejemplo, 30 años, cuando su voz tenga otra memoria. No, Vera Miranda vive entre nosotros, es habitante de Puerto Natales, hijo de sus sueños.

Su currículum indica librero en Buenos Aires, estudiante de psicología, aunque también animador de veladas literarias y de debate filosófico en su ciudad. Cantor de historias de arrabal entre los mares del sur.

Vera Miranda es un escritor y un personaje, como suelen serlo los artistas excepcionales. Una construcción que se va reinventando en los extremos.

Por estos días, las apuestas de sus amigos se dividen entre dos posibilidades: si Hugo Vera Miranda continúa escribiendo o si no lo hace en absoluto.

Algunos aseguran que sigue en la senda. Otros que la ha abandonado.

Mientras tanto su voz todavía cruza la noche en llamadas telefónicas a sus cercanos. Su ojos aun escrutan la noche helada. Y sus canciones suenan en el éter de la red.

El tigre de la memoria

¡ah que ganas de vaciar mi cabeza!

tantos rostros, calles, inviernos.

un horizonte de promesas incumplidas,

la fatiga del tiempo girando girando,

viejas cartas que nada dicen,

amores tapiados por la insolencia del olvido.

el barco a punto de partir

y nos aferramos a nuestros muertos,

el tigre de la memoria incansable trabaja,

de sol a luna de luna a mar.

el verdugo hastío se mece en mis cabellos,

estoy solo, me he abandonado,

un juramento, un clamor, una traición,

son enigmas que el viento descifra,

continúo esta marcha inexorable

con la muerte en mis bolsillos.